Mis pensamientos sobre el perfeccionisme

Como autista ya desarrollé algunas rutinas muy temprano en mi vida. Así que los peluches los que estaban en mi cama sentaban allí en un orden especial y si alguien no lo respetaba simpre me ponía enojado, simplemente porque me parecía „incorrecto“. Lo mismo occuría si alguien perturbaba mi transcurso del día, el orden de la ropa en mi armario o si alguien interrumpía otras rutinas que eran importante para mí como leer o algo así. Hoy sé que eso es un rasgo característico de autistas y que eso ocurre porque tratamos de poner este mundo caótico en un orden que es dominable y comprensible. Creo que por eso tengo una relación relajada con el perfeccionismo – si él es la solucción para mantener la calma en el caos del mundo, no puede ser algo negativo, dicho sin rodeos.

Me gusta comparar el perfeccionismo con un baile medieval en el que cada persona tiene su propio papel. Si solo una persona no sigue sus pasos correctamente, todo el baile se transforma en algo caótico y todo pierde su belleza. En general creo que estos bailes pueden actuar como un buen ejemplo para el hecho de que la mente humana siempre ha buscado patrones que permiten poner las cosas en orden, pero por supuesto hay muchos ejemplos diferentes para esta necesidad (la taxonomía o la sciencia en general, las leyes, la manera de ordenar las cosas en la casa según Mari Kondo/el minimalismo para nombrar algunos).

En mi opinión la crítica del perfeccionismo no es tan viejo y sube del deseo de sacar la presíon que había desarrollado en la sociedad dentro de la revolución industrial en la que los seres humanos tenían que entender gradualmente que no se pueden comparar con la efectividad y la precisión de las máquinas. Si se mira las publicaciones scientíficas y artísticas de antes de esta revolución, es obvio que la humanidad siempre había aspirado a lograr el perfeccionismo, pero las máquinas y su precisión nos hacían dudar nuestro propio perfeccionismo. Además, el siglo XX nos equipó con algunos ejemplos horribles de un perfeccionismo diabólico: solo tienes que pensar en los campos de concentración en las que había esta „máquina del muerte“ muy efectiva o en todas las guerras en las que los seres humanos fueron agotados entre el horror deshumanizado de los campos de batalla y la incapacidad de curar las heridas psicológicas y corporales que causaba este querer de superar lo humano en general.

También pienso que la crítica del perfeccionismo creció mucho en la época de las ochentas y noventas en las que la sociedad empezó de pensar criticamente sobre los valores de las generaciones anteriores. La pedagogía, la filosofía y también la imagen de la humanidad cambiaron mucho en esta edad. De repente fallar y admitir de haber fallado ya no era algo de lo que no se hablaba. De hecho, hoy en día con todos los medios sociales, a mí me parece que eso es aún más aceptado que decir que puedes organizar tu vida bien, pero sin embargo es interesante que todavía se refiere a alguien que puede hacer algo sin esforzarse (o sin parecer así) como una máquina (especialmente los deportistas o los trabajadores).

A mí me da mucha paz y alegría tener el sentimiento de hacer algo perfectamente, igual si hablamos sobre una comida cocida con mucho amor y salpicada perfectamente o sobre la manera de guardar libros en una estantería. Mi perfeccionismo interior, como lo quiero llamar, es autosuficiente. Simplemente me encanta crear un ámbito en lo que puedo disfrutar la claridad, la estructura y el orden que necesito.

Yo personalmente echo de menos el querer de lograr lo mejor en toda la sociedad, porque temo que la mediocredad es más aceptable que el perfeccionismo. Los bailes medievales se han convertido en un caos nuevo en lo que el individualismo parece valer más que antes…

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